domingo, 28 de marzo de 2021

Cuaresma

 

Domingo de Ramos:
Una esperanza en carne viva



Este domingo, llamado “de Ramos” nos sitúa en el pórtico de los días santos de nuestra redención. Es un reto importante situarnos adecuadamente para vivirlos con autenticidad. Se trata del máximo drama de la humanidad, el de su propia redención. La Iglesia, ya desde sus inicios, se sintió convocada el domingo por el mismo Señor para celebrar el misterio pascual, y la Iglesia madre de Jerusalén comenzó a conmemorar los sucesos de la redención en los mismos tiempos y lugares en que acontecieron. Así nació la celebración semanal y anual de la pascua. El domingo de Ramos es a un tiempo “pórtico” de la pasión y “síntesis” de ella. El amor padecido y sufrido es garantía de veracidad de ese amor: un “reino” al revés, que no llega a caballo sino montano en un simple asno y lo aclaman los pobres y sencillos, nunca los poderosos ni los sabios.



La cruz de Cristo no es solo un suceso histórico, sino la más formidable contrahistoria del mal. En la cruz, Cristo se hizo vencedor haciéndose víctima, recorriendo el camino contrario a los deseos de poder y dominio. En la cruz, la Omnipotencia se hizo impotencia. Se abajó, se anonadó siguiendo el camino contrario al odio y al orgullo. Es un camino inaudito; a nadie se le ocurre ganar perdiendo, o triunfar mediante el fracaso personal, o afirmar a los demás desafirmándose a sí mismo, o exaltar a los otros en el rebajamiento de sí mismo. Esta es la “sabiduría” y la “fuerza” de Dios en Cristo: no devolver mal por mal. Representa el triunfo del amor sufrido, por eso la esperanza se hace carne viva, sufriente, entregada. En la cruz, Cristo amó uniendo dos extremos, la máxima ofensa y el máximo amor. Y quiso que ese mismo suceso, singular y único, perdurase siempre y fuese celebrado, ¡el mismo! Por todos sus seguidores. Creer en Jesucristo es adorar su cruz, no la de palo, sino la de su amor total. La cruz, el amor en la indiferencia y la contrariedad es el distintivo de los seguidores de Jesús. Y es lo que verdaderamente celebramos ahora los cristianos si realmente somos seguidores del Crucificado (Pastoral diocesana).

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domingo, 21 de marzo de 2021

Cuaresma

 

Domingo 5º de Cuaresma:

Una esperanza entregada



El ser humano es un buscador nato. Cuando se rinde y acomoda en el camino, pierde su esencia e identidad, se rompe a sí mismo, desconecta de la realidad y no ve a Dios. Nacemos a la vida en un espacio por hacer, venimos de la gratuidad y buscamos la realización en el quehacer de nuestra existencia. Necesitamos ser amados y amar, o mejor, tomar conciencia de lo amados que somos y de la capacidad que tenemos para amar. Somos seres para la alianza porque nos podemos mover en el ámbito del amor. El momento actual donde la tierra grita, el ser humano enferma y nos sentimos llamados a un cambio profundo hemos de redescubrir nuestra vocación para la alianza con la naturaleza, con todo lo creado. Ver a Dios es entrar en su casa, vivir en familiaridad total, comer con él, participar de su amor y su vida diaria. En Cristo encontramos el camino que sacia nuestra búsqueda interior y profunda. Él es el camino, quien lo ve a él, ve al Padre. Encontrarnos con Cristo y entrar en sus sentimientos es el modo de glorificar a Dios y de sentirnos nosotros glorificados. La clave de la gloria está a mano: “Si cae en tierra, muere, da mucho fruto”. La Eucaristía es el sacramento de la gloria, de la vida que se entrega, en la que Dios renueva esa alianza eterna y amorosa. Dichosos los que estamos llamados a esta mesa. Dios ama al mundo “saliendo de sí” porque su “interés” no es él mismo, sino sus “hijos”. Es transitivo, no autorreferencial. La mascarilla no es para protegerse del otro, sino para defenderle. Todas las restricciones y confinamientos no son en función de nosotros mismos, sino de los demás. No el bien propio, sino el bien común. Se trata de abrir la jaula de nuestro egoísmo, salir de nosotros mismos y volar con la libertad de que quien de verdad ama. Perder para ganar como el grano de trigo. Morir de amor para sostener la vida. Hacer del dolor un regalo de amor. Una esperanza entregada por amor (Pastoral diocesana).

jueves, 18 de marzo de 2021

Festividad de san José

 

FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ

Día 19 de marzo de 2021


 

CARTA APOSTÓLICA PATRIS CORDE

DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Con motivo del 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la iglesia universal

 


 Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José». Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió.

Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO

A SAN JOSÉ

 


Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

 

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.

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